San Andrés de Teixido

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"A San Andrés de Teixido vai de morto o quen no vai de vivo"

En Cedeira está el santuario de San Andrés de Teixido.

San Andrés, que veía como a la tumba de Sant Yago iban grandes peregrinaciones mientras que a él nadie venía a visitarle, paseaba melancólico sus soledades. Un día se encontró con Nuestro Señor Jesucristo que venía a visitarle y éste le preguntó:

-"¿Cómo es que estás tan triste?"

San Andrés le respondió:

-"¡Ay mi señor! A pesar de que yo también hago milagros como Santiago nadie se acerca por estos parajes y está mi santuario vacío".

El Señor le miró y sonriendo le dijo:

-"No has de ser menos que Santiago. Te prometo que todo el mundo pasará al menos una vez en la vida por tu santuario"

"-Muchas gracias, Señor pero ¿cómo será eso posible?"

-"Porque todo aquel que en vida no viniere, tendrá que pasar por aquí después de muerto".

Por eso nadie molesta a los animalitos que andan por los senderos del santuario, porque dice la leyenda que ellos llevan las almas de los que no peregrinaron en vida.


Leyenda enviada por Juan Carlos


El cura de Benasque

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Cuentan que en Benasque (Huesca), una lluviosa mañana, se oyeron tocar las campanas de misa muy temprano.

Doña Pilar, ferviente religiosa, acudió extrañada a esa misa a horas intempestivas. Al entrar en misa observó que el sacerdote no era el habitual (mosén Francisco), pero no le dió importancia hasta que el cura se dio la vuelta y pudo comprobar que quien estaba diciendo la misa era un esqueleto en descomposición.

A ella le dio un desmayo y hasta dos horas después nadie pasó por la iglesia que pudiese recogerla y despertarla. Al final accedió a contar lo sucedido.

A los pocos días se volvió a tocar a misa a una hora poco habitual y tres fieles acudieron y huyeron al comprobar que era un muerto el que decía misa con voz cavernosa. Todo el mundo empezó a temer al cura, por la noche se acostaban con miedo y se preocupaban de cerrarlo todo a cal y canto para que no entrase en casa.

Sólo Don Roque adivinó que se trataba del alma en pena de un sacerdote que necesitaba de una misa para encontrar el descanso eterno. Así fue que convocó al pueblo a que asistiese a la siguiente llamada.

Varios días después se volvieron a oír las campanas y acudieron varios vecinos de Benasque. Pero, al ver la fealdad del muerto que presidía la misa, todos menos Don Roque huyeron de la iglesia. Don Roque aguantó y rezó fervorosamente hasta el final de la misa. Cuando terminó, abandonó el altar el cadavérico sacerdote hacia la sacristía.

Desde entonces ya no se ha vuelto a aparecer aquel cura de Benasque.


El arpa de Dagda

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Cuenta la leyenda que en la segunda batalla de Mag Tuiredh, el arpista de Dagda -con el arpa incluida- cayó prisionero de los fomorianos.
Uno de los hijos de Dagda -Oghma- y el heroico Lugh, lo acompañaron hasta el campamento enemigo para rescatar al arpista y recuperar el Arpa Mágica con la que Dagda controla el inicio y final de las estaciones, la cual obtuvo del Mundo Superior.

Para ello fueron en su búsqueda, llegando hasta el salón de banquetes del palacio submarino de sus enemigos. Allí vieron como el arpa colgaba de la pared y Dagda con sus poderes, la llamó y ésta rápidamente se descolgó por sí sola y voló hasta las manos de su legítimo dueño, matando en el trayecto a nueve fomorianos.

Dagda usó una poderosa invocación como llamada que rezaba así:

¡Ven Roble de los dos gritos!
¡Ven mano de música cuádruple!
¡Ven verano, ven invierno!
¡Voz de arpas, fuelles y flautas!

Cuando el dios Dagda recuperó de nuevo su Arpa, tocó en ella las tres nobles cuerdas, que cualquier gran maestro del arpa debía dominar: los acordes de la risa; del llanto y los del sueño. De esta manera provocó una enorme risa, luego llanto y por último los fomorianos cayeron en un largo sueño. Merced a esto pudo huir sin contratiempos.


La leyenda de Maricuchilla

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Antes de convertirse en el espectro en pena conocido bajo el nombre de Maricuchilla, María era ya una joven misteriosa y bella como la Luna. Todos los jóvenes de Oviedo deseaban su compañía, pero ella se mostraba siempre fría y desdeñosa, y los rechazaba con una actitud que en muchas ocasiones llegaba a la crueldad. En el fondo de su corazón, María se regocijaba con malsano placer al observar el sufrimiento de sus pretendientes.

Un día llegó a la ciudad un ermitaño, famélico y desaliñado, que se instaló en una cabaña de las afueras. Se trataba de un hombre santo que pasaba sus días rezando al Señor y vivía de las limosnas que los buenos samaritanos depositaban en su sombrero los domingos por la mañana, cuando todo el mundo acudía a la catedral.

En una de estas ocasiones, sucedió que María se fijó en él y le pareció que debajo de aquella barba desgreñada y aquellos andrajos se escondía un hombre apuesto. Durante los días siguientes, dio muchas vueltas a esta idea, y soñó largamente con la que según ella debía de ser la auténtica apariencia del ermitaño, de tal manera que al final acabó por enamorarse de él.

Decidida a que fuese suyo, María acudió a su cabaña e intentó seducirlo. Al principio, el ermitaño la rechazó con una sonrisa benevolente, pero después se limitó a ignorarla y continuar rezando. En jornadas sucesivas María lo volvió a intentar, sin obtener nada, a pesar de que había puesto en práctica todas las artimañas que conocía (y otras que ella misma había discurrido).

Por primera vez, la altiva María probaba las hieles del desamor, para descubrir tan solo que no soportaba que la desdeñasen.

En aquel momento podía haberse dado por vencida, pero, en lugar de eso, prefirió hacer algo que lamentaría por toda la eternidad: solicitó la ayuda de una bruja cuya habilidad para conseguir cosas mediante la magia había hecho famosa en toda la comarca.

En el lóbrego sótano de su casa, delante de María, la bruja invocó al Diablo, quien se presentó sin demora y prometió a la joven que intervendría para hacer que el ermitaño cayese rendido a sus pies. Por supuesto, ella tendría que pagar un precio a cambio. Debía coger la cuchilla que en aquel momento le tendía y con ella sacrificar a un niño de su propia familia en una gruta cercana a la choza del ermitaño. María dudó, pero algo maligno la llamaba desde el interior de aquella hoja de metal. Como en un sueño, vio su mano alargarse y cogerla.

A la noche siguiente sacó a su hermano pequeño de la cuna, lo apretó entre sus brazos y salió sigilosamente de casa. Bajo la luz de la Luna, cruzó la ciudad hasta llegar a las afueras, en donde no tardó en encontrar la cueva que el Diablo le había indicado. Con la mano derecha sujetó al bebé por las piernas, mientras con la izquierda extraía la cuchilla del bolsillo de su falda. La fría hoja de metal saludó con júbilo a la Luna.

Cuando su hermano dejó de moverse, María recobró la razón. Miró entonces con horror su frío cuerpecillo y la sangre que manchaba las rocas de la cueva, en una cantidad tal que parecía inverosímil, y comprendió la magnitud del crimen que acababa de cometer. Desesperada, corrió a buscar la ayuda del ermitaño, quien comenzó a rezar con devoción preguntándole al Señor cuál era su voluntad. Por fin éste le contestó: María quedaba condenada a permanecer en aquella cueva, limpiando la sangre de las piedras con su cuchilla, durante el resto de sus días mortales y aún después, hasta que consiguiese limpiarla por completo.

Pero tanta es la sangre y tan profundamente ha calado en las rocas, que es imposible que María complete nunca su tarea. De hecho, algunos dicen que todavía hoy, en determinadas fechas se la puede ver arrodillada, con el rostro desfigurado por la desesperación y la ropa convertida en jirones; apenas una sombra llorosa que raspa las piedras de la gruta con su brillante cuchilla.


Les goges de l'estany

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Existen muchas leyendas, sobre todo en la Cataluña Vieja, donde los protagonistas son esas "mujeres de agua", rodeadas de mito, invención, leyenda y misterio.
En Banyoles y comarca se las conoce como "LES GOGES", pero en otras partes las podemos identificar como "aloges, mujeres de agua, encantadas, encantes, hiladoras, Maria Enganxa, ninfas, náyades" y otros.

Realmente la tradición de las mujeres del agua es tan antigua como la misma cultura griega. Seguramente su origen deberíamos buscarlo en las ninfas, las divinidades mortales a las que la mitología griega otorga el poder fecundador de la Naturaleza: bellas i alegres jóvenes, desnudas o casi, que emplean su tiempo cantando y bailando.

A pesar de que "les goges" son vistas como buenas, su trato con hombres y mujeres ha acabado generalmente de mala manera (sobre todo para los primeros). Pocas personas las han visto y pocos hombres han conseguido casarse con una de ellas y hacer duradera su unión (por las difíciles condiciones que imponen). No obstante, con algo de suerte, se puede observar como se acicalan con peines de oro mientras se reflejan en el agua y cantan bellas melodías. Quien las escucha resulta atraído por su música y no puede resistirse a sus dulces cantos; en ese momento existe el riesgo de ser engullido por las aguas y el pobre infeliz puede quedar encantado para siempre mientras pueden escucharse por todas partes las risas de bienvenida de "les goges".

Cuenta la fábula que en el interior de las cuevas se encuentran los ricos palacios de "les goges", construidos con mármol y alabastro, repletos de oro, plata , perlas, diamantes y todo tipo de joyas. Así mismo están ocultos al visitante por una fina e imperceptible malla hilada con hilo de oro por las propias "goges" en la orilla de l' estany* de Banyoles y tejidas con telares de cristal y husos de marfil.
También se explica que "les goges" celebran a medianoche grandes fiestas en las grietas de las "Estunes". Durante las mismas surgen grandes rayos luminosos de las fisuras de la roca i, si hay luna llena, tras cantar y bailar, "les goges" emergen continuando las danzas, hilando, lavando o reflejándose en las tranquilas aguas de l' estany. También durante la noche suelen extender en el exterior sus vestidos blancos como la nieve. El mortal que logra hacerse con alguna de estas piezas, tiene la vida resuelta asegurándose riqueza y felicidad.

*Estany = lago


Leyenda enviada por Jordi

Gara y Jonay

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Según la leyenda, en la Gomera existían entonces siete lugares de los que emanaba agua mágica y cuyo origen nadie conocía. Estos siete chorros, aparte de regalar virtudes revelaban también, cuando te mirabas en sus aguas, si ibas o no a encontrar pareja. Si el agua era clara, el amor llegaría, pero si se enturbiaba, poco había que esperar.

Se aproximaban las fiestas de Beñesmén y un grupo de jóvenes gomeras acudieron a Los Chorros de Epina para mirarse en él. Entre ellas se encontraba Gara, princesa de Agulo. Se asomó y al principio le devolvió una imagen tranquila y perfecta, pero luego surgieron sombras y comenzó a agitarse... Gerián, el sabio del lugar, le hizo una advertencia:

"- Lo que ha de suceder ocurrirá. Huye del fuego, Gara, o el fuego habrá de consumirte".

Gara calló, pero el triste presagio corrió de boca en boca.

En las vísperas de las fiestas, llegaron de Tenerife los Menceyes y otros nobles. El Mencey de Adeje venía con su hijo Jonay, joven fuerte y apuesto. Gara no podía dejar de observarlo, y en cuanto sus miradas se encontraron, el amor los atrapó sin remedio. Poco después, aún en fiestas, su compromiso fue público.

Pero he aquí que en cuanto se empezó a propagar la feliz noticia, El Teide, antes conocido como Echeyde (infierno), empezó a escupir lava y fuego, con tanta fuerza que desde la Gomera el espectáculo era aterrador. Recordaron el presagio dado a la inocente Gara: Gara, princesa de Agulo, el lugar del agua. Jonay, puro fuego, procedente de la Isla del Infierno... Aquel amor era entonces, imposible. Grandes males se avecinaban si no se separaban.

Entonces sus padres ordenaron tajantemente que no volvieran a verse. Ya apaciguado el volcán, y concluidas las fiestas, regresaron a Tenerife todos los visitantes, más uno se fue con el alma vacía y el pecho quebrado.

Cuentan que Jonay se lanzó al mar en medio de la noche, para nadar hasta su amada. Dos vejigas de animal infladas atadas en la cintura le ayudaban a flotar cuando las fuerzas se le agotaban. Larga fue la travesía y ya con las primeras luces del alba llegó a su destino. Furtivamente fue en busca de su amada, y al encontrarse, se abrazaron apasionadamente. Escaparon por los bosques gomeros y bajo un cedro se entregaron a la pasión y al amor. El padre de Gara, enterado de la huida de su hija, salió furioso en su busca.

Los encontraron amándose, y cuando los jóvenes se percataron de su presencia, buscaron la única salida posible... Una implacable vara de cedro afilada, colocada entre ellos, uniendo sus corazones fue su aliado mortal. Mirándose a los ojos, se apretaron el uno contra el otro, traspasándose y dejándolos unidos para siempre.

Gara, princesa del agua, y Jonay, príncipe del fuego, dan nombre hoy a la cumbre más alta de la Gomera y al Parque Nacional de Garajonay.


Leyenda enviada por Menda


Aurora Boreal

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Cuenta una leyenda esquimal:

Los límites de la tierra y el mar son bordeados por un inmenso abismo, sobre él aparece un sendero estrecho y peligroso que conduce a las regiones celestiales. El cielo es una gran bóveda de material duro, arqueado sobre la tierra. Hay un agujero en él a través del que los espíritus pasan a los verdaderos cielos. Sólo los espíritus de aquellos que tienen una muerte voluntaria o violenta y el cuervo, han recorrido este sendero. Los espíritus que viven allí encienden antorchas para quitar los pasos de las nuevas llegadas. Esta es la luz de la aurora. Se pueden ver allí festejando y jugando a la pelota con un cráneo de morsa.El sonido silbante y chasqueante que acompaña, a veces, a la aurora son las voces de esos espíritus intentando comunicarse con las gentes de la tierra. Se les debería contestar siempre con voz susurrante. A los espíritus celestiales se les llama "selaimut", "sky-wellers", moradores del cielo.

En tierras saami...

Dice una vieja leyenda, que las colas de los zorros que corrían por los montes lapones, se golpeaban contra los montones de nieve y las chispas que salían de tales golpes se reflejaban en el cielo...


La laguna de Doniños

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Antiguamente, en el ayuntamiento de Serantes, había una villa llamada Doniños habitada por paganos a excepción de una pareja que tenían su casa algo apartada. Pasó por allí Nuestro Señor pidiendo alojamiento donde había más abundancia. Pero le arrojaron de allí con cajas destempladas. Sin embargo, nuestra pareja le invitó a pasar a su cabaña, le dieron su magra comida y le dejaron su lecho de pajas para dormir. Al día siguiente, vieron que el peregrino había desaparecido. El hombre fue a su trabajo y cuando llegaba a la villa oyó a su mujer que le llamaba urgentemente. Fue a ver pero cuando llegó junto a ella, ésta le dijo que ella no lo había llamado. En ese momento se oyó un gran estruendo de aguas. Marido y mujer miraron hacia la villa y vieron que era inundada por un gran torrente que surgió de entre unos peñascos. Allí quedó sumergida la villa de Doniños.

Leyenda enviada por Juan Carlos


El espejo de los dioses

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Cuenta la leyenda que a la llegada de los españoles a Michoacán, después de la caída de Tenochtitlán, un español se enamoró de Eréndira, la hermosa hija de Tangaxoán, rey de los purépechas. La raptó y la escondió en un precioso valle rodeado de montañas.

La princesa, sentada sobre una roca, lloró tanto que sus lágrimas formaron un gran lago, y luego, desesperada por escapar, se arrojó al mismo, en donde se convirtió en sirena. Desde entonces, por su gran belleza, al lago se le llamó Zirahuén, que en purépecha significa “espejo de los dioses”.

Dicen que la sirena aún vaga por esas aguas y que en las primeras horas de la madrugada surge del fondo para encantar a los hombres y ahogarlos.


La bruja de la Catedral de Girona

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Hace muchísimos años, en la ciudad de Girona, vivía una vieja de la que se comentaba entre el pueblo que era una bruja. Aseguraban que volaba por los aires y un vecino afirmó que una noche que se le cruzó un gato negro, le tiró una piedra golpeándole la cabeza y que al día siguiente la vieja aparecía con la frente vendada, la misma zona de la cabeza donde el gato fue golpeado, por lo que se creía que tenia la capacidad de transformarse por las noches.

Esta mujer, tiraba piedras en las paredes de la catedral de la ciudad, soltando blasfemias y riéndose a mandíbula abierta, cantando mientras se iba coplas obscenas. Los ataques con piedras a los muros de la catedral sucedían siempre a la misma hora, después del Ángelus, cuando los vecinos estaban en sus casas y no se veía un alma por las calles.

Cuenta la leyenda, que un buen dia Dios, indignado por la actitud blasfema de la bruja, quiso castigarla y la convirtió en una gárgola de piedra, quedando pegada y empotrada en uno de los contrafuertes del claustro, cerca de la llamada torre de Carlomagno. Al día siguiente, los vecinos de la ciudad pudieron contemplar como había surgido en el muro la deforme figura de piedra y reconocieron en sus rasgos a la vieja. Así acabaron los temores de que la bruja empleara sus malas artes y poderes mágicos contra ellos. Como castigo, acabó siendo parte para siempre del objeto de sus maldades.


Leyenda enviada por Jordi






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