El atrapasueños

Hace mucho tiempo cuando el mundo era joven, un viejo líder espiritual Lakota estaba en una montaña alta y tuvo una visión.

En esta visión Iktomi, el gran maestro bromista de la sabiduría apareció en la forma de una araña. Iktomi habló al líder en un lenguaje sagrado, que sólo los líderes espirituales de los Lakotas podían entender. Mientras le hablaba Iktomi, la araña tomó un aro de sauce, el de mayor edad. También tenía plumas, pelo de caballo, cuentas y ofrendas y empezó a tejer una telaraña.

Hablaba con el anciano acerca de los ciclos de la vida, de cómo empezamos siendo bebés y pasamos a la niñez y después a la edad adulta. Finalmente llegamos a la ancianidad, donde debemos ser cuidadosos como cuando éramos bebés completando el círculo.

Pero Iktomi dijo, mientras continuaba tejiendo su red:

-En cada tiempo de la vida hay muchas fuerzas, algunas buenas y otras malas. Si te encuentras con las buenas ellas te guiarán en la dirección correcta. Pero si escuchas a las fuerzas malas, ellas te lastimarán y te guiarán en la dirección equivocada.

Mientras la araña hablaba continuaba entretejiendo su telaraña, empezando desde afuera y trabajando hacia el centro. Cuando Iktomi terminó de hablar, le dio al anciano Lakota la red y le dijo:

-Mira la telaraña, es un círculo perfecto, pero en el centro hay un agujero. Úsala para ayudarte a ti mismo y a los tuyos, para alcanzar tus metas y hacer buen uso de las ideas de la gente, sus sueños y visiones. Si crees en el gran espíritu, la telaraña atrapará tus sueños buenos y los malos se irán por el agujero.

El anciano Lakota explicó su visión a su gente y ahora los indios Sioux usan el atrapasueños como la red de su vida. Lo cuelgan encima de sus camas para escudriñar sus sueños y visiones.

4 comentarios:

Jordi dijo...

A mi alguien me los debe atrapar todos porque nunca me acuerdo de lo que he soñao

Rompecabezas dijo...

Yo sueño todos los días y se que eso es raro

Kassiopea. dijo...

¿Raro? Todos soñamos siempre que dormimos, y mucho además. Otra cosa es que no nos acordemos.

Virgínia Allan dijo...

Muito linda esta história! Beijo